El principio del fin

Ya he ciber-comprado los billetes, esto se acaba compañeros del metal. Entre la agonía de la búsqueda y el frescor de la noche casi me da un ataque de escrófula. Conforme, aún quedan días, he querido anticipar la adquisición para no arruinarme más aún, pero ¿qué son veinte días frente una vuelta sin cerrar? La diferencia es infinito, comprar afirma que hay otra realidad menos agradable que espera para sangrarnos, el fin de la vida como mandria. Aún así, no nos lamentaremos demasiado, sabíamos que habría tocar retreta; pensaremos en la ingente pila de bendiciones que también esperan en casa. Aflojar la tela me ha traído a mientes que hay un antes y un después: veinte días me parecen una minucia, escapada de finde, nadería por la que mejor ni salir de casa si el destino está más allá de Tarancón. Me veo enclaustrado como cartujo y laborando como minero hasta que pueda permitirme otra de estas, sálvese la excepción de un recorrido Sur-Norte, a pie, por el terruño hispánico, a imitación de esos giróvagos que mendigaban berzas en los caminos hacia Santiago.

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