No he hecho ningún trekking en Luang Nam Tha, pero hablar es gratis. Conste, no obstante, que me quedaba con ganas, de ahí que haya tratado de enterarme acerca de las posibilidades. Escuché a un británico mostrar su pesar por la experiencia; parece ser que el montaje en las aldeas que atraviesas durante la caminata es un tanto artificial; tipo Sapa (Vietnam), pensé. Por otra parte, esperar lo contrario es de ilusos (no aprendo). En los trekkings (de uno a cuatro días) se visitan poblachos y se explican usos tradicionales. A mí, que me interesa ver cómo pulen y ensamblan, con precisión nanométrica, las piezas de un telescopio gigante o cómo enclaustran más de dos mil millones de transistores en un microchip, un indígena doblando bambú me la trae al pairo; digamos que hay cosas que entiendo superadas. En todo caso, en un trekking quiero patear, hacer ejercicio, no hablar con jenízaros carnisecos de los que no he tenido noticias nunca y a los que olvidaré antes de perder de vista. Por lo que a mí respecta, las tradiciones están para erradicarlas, lo malo es que son innúmeras y lo peor es que las creamos sin parar, de manera que es tarea imposible su exterminio. Dicho de otro modo, si al indígena le van a dar un portátil y enseñar inglés, quizá colaboré un mínimo; si le van a tener cual mono de feria trenzando cañas, me abstengo. En fin, aparte del británico, leí folletos. En el trekking de un día (el único que podía plantearme si apuraba presupuesto y tiempo), el plan era caminar 8 kilómetros, con tres paradas para comer (tras haber desayunado antes de empezar). Estoy seguro de que en una boda se zampa menos y se hace más ejercicio. Y al igual que en las bodas, para el trekking, es de recibo soltar tanto capital que por vergüenza te han de alimentar como a un Dios con filoxera. Mas no sólo de británicos y folletos vive el hombre, sino que, de casualidad, compartí mesa con un guía que atiborraba su buche y aplacaba la resaca antes de emprender un trekking de dos días. Primer día, 6 kilómetros (la mayor parte de los niños de planeta han de caminar más para ir a la escuela); segundo día, 8 kilómetros (este debe ser equivalente al trekking-boda descrito antes). Lo más gracioso fue cuando le pregunté, debido a la fama que arrastra el Parque Nacional Nam Ha, si era posible dar con algún bicharraco en estado salvaje (tigre, oso…). Masticando mientras hablaba, como es costumbre en parte de Asia, y con la cara semioculta tras dos palillos y una bola de espaguetis, me miro como diciendo “¡pero qué dices, chaval!” y contestó “¡pero qué dices, chaval!”
Si vas a hacer un trekking, ya sabes que si hace calor, llevar dos botellas de agua, fruta y tres barritas energéticas no es suficiente.
jajja algún día estando con la bici me he acordado de éso, porque no llevaba ni vergüenza torera y hacía un calor del demonio.