El regreso

“Para un hombre de mundo, es muy exótico volver a casa”, dice la canción. No voy a negar la circularidad de la frase, al autor le ha salido redonda; pero no estoy de acuerdo con ella. Creo que, para el hombre de mundo, no hay nada exótico. Ha desenmascarado la pose del exotismo. En mi caso, más burro que hombre, y más de terruño que de mundo, quedo conforme con el deambular de estos meses y regreso contento. Digamos que tuve la fortuna y la oportunidad de vagar y quise aprovecharlas, sin más. Un viaje largo, lejos y a solas. Estar figuraba muy por encima del dónde y el cómo. Ir era más importante que por cuánto o para qué. La diversión era accesoria pero recibida con gusto; la cultura absolutamente superflua y aceptada con precaución y mucha ironía. Ese era el plan de viaje y, aunque de modo modesto, he cumplido con él. Intuyo que viajar está muy sobrevalorado. Significa que tienes el tiempo y dinero necesario. Se hizo de siempre, por negocios y necesidad en origen. Su moda y popularidad surge en el XIX, de la mano de victorianos, decadentes, y aburridos. Un origen prometedor; de aquellos polvos, estos lodos. Hoy en día, es un hábito más, forma parte de la cultura consumista con la que la nos adoctrinan, y que sirve de válvula de escape a las frustraciones con las que vivimos. Tal vez, con suerte y esfuerzo, llegue el día en que pudiendo hacerlo no quiera volver a irme de viaje. Sería cosa buena, aspiro a ello. Mientras evoluciono y consigo despellejar al burro, mi cabeza bulle con efervescentes imágenes y algún plan que otro. Y tal vez siga dando la espalda al adagio de la simpática George Eliot, “bendito el hombre que no teniendo nada que decir se abstiene de demostrarlo con sus palabras”.

Fotos último día de viaje, un suspiro en Bangkok.

Una respuesta a “El regreso”

  1. Fernando Pajares says:

    Hombre, auque está devaulado el término viajero, por los touroperadores y el Gooogle Earth, supongo que cuando el primer mono se bajó del amparo del árbol para ver lo que había alrededor, era llevado por la curiosidad. Y digamos que eso ha sido el ideario de muchos viajeros que han evolucionado, no demasiado, a ese mono hasta llegar a Halcón Viajes y el imán en la nevera ¿O no recuerdas la expectación de los fraguel cuando llegaba la postal del tío Matt, EL VIAJERO? Estoy de acuerdo en lo de lo exótico, aunque para mí, suele relacionarse con lo que el bolsillo no se puede permitir, aunque esté a cien metros de casa y no despierte ninguna curiosidad.

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