El título es un decir, faltaría, no hay que tener razones para hacer o deshacer nunca nada, a las amebas nadie les pide excusas por sus seudópodos, a nosotros tampoco se nos debería por nuestros espasmos, pero a lo que voy. Encontré la revista en papel, apesta, y no hablo de la tinta o la celulosa. Su edición online la tenéis en http://www.southeastasiabackpacker.com (sólo en inglés), o un ejemplo de número completo pinchando aquí. Doy la referencia porque los habrá a quién el rollo guayismo que se trae entre manos resulte atractivo, de hecho apostaría porque tiene más defensores que detractores, y también porque si alguien tiene en mente dejarse caer por aquí bien está que sepa con lo que se puede topar. Ahora no voy a defender el concepto mochilero, ni a denigrarlo, pero cuando se mezcla con el desfase guiri-ibicenco me parece la última aberración occidental que faltaba por exportar (es otro decir, siempre podemos superarnos). En parte por eso y en parte por el apunte de Lonely (“paraíso para los amantes de la cultura”) sigo en Chiang Rai; miedo me da ir a Chiang Mai. El concepto mochilero es cada vez más “backpacker”, vocablo inglés del término en español, quiero decir, hay una americanización (en el sentido peyorativo del término) conceptual, a través de su propia venta. Por simplificar, murió de éxito (es el tercer decir, pues no está muerto, sino más vivo que nunca, aunque tal vez “diferente”).
Archive for the ‘Jeremías Poebe’ Category
Por qué venir o no venir al Sureste Asiático
Saturday, December 5th, 2009Cabezabajo
Friday, December 4th, 2009Apenas he visitado Chiang Rai. El hostal es modesto, pero acogedor hasta decir basta, y el resto del tiempo lo he pasado con la moto, entre montañas, lo cual, por cierto, cansa. En breve trastearé por Shenzhen (China; ciudad pegada a Hong Kong) y Bangkok, de manera que me tomo con calma las visitas a las Chiang-es (Rai y Mai). Hoy era el día de ver tribus, y los adefesios que se gastan. Lo suyo es patear hasta algún grupo de chamizos, pero si la pereza te puede o tienes bastante con negociar curvas en pronunciadas bajadas y subidas antes de que anochezca, te los acabarás encontrando a pie de carretera, pacientes, como arañas en su red, a la espera de endosarte un calandrajo, abalorio o comestible. Sin opio, se apañan como pueden.
Jeremías Poebe en el Triángulo de Oro
Thursday, December 3rd, 2009Ayer tarde salté del autobús en Chiang Rai, entrada al Triángulo de Oro. Atrás quedaban las selvas de Camboya y los densos bosques laosianos. Pisar Tailandia vino a ser lo que decía aquella canción, Welcome to the Jungle. Seguro que aquí encontraré rapaces, carroñeros y mamíferos carnívoros a mansalva. A pesar de que Chiang Rai es una pequeña ciudad, no cuesta percibir que Tailandia dista mucho de los países por los que he pululado las últimas semanas; falta un cartel tal que “Bienvenido a Europa”.
Hoy, justo dos meses después de coger el atillo y marchar de casa, he estado en la antaño ilustre región áurea, que ha pasado de obtener divisas gracias a un sano cultivo de opio a facturar machacantes a base de exprimir turistas y arroz. Con los mimbres actuales ni Jonathan Swift haría un buen libro de aventuras, a lo más hay material para una teleserie de intriga, con asesinato cutre en pensión del extrarradio, a resolver por la Jessica Fletcher de turno. Nos olvidaremos, por tanto, de Enid Blyton, Roald Dalh, Muñoz Martín y de Twain, Salgari, Rohmer, Verne, Scott, London, Kipling, Stevenson, Fenimore, Melville y otros tantos corruptores de mentes infantiles y juveniles. El único oro que reluce es el del Becerro, que se ha comido el Triángulo.
Gran parte del camino fue similar a la Nacional I entre Madrid y Guadalajara. Tras casi 200 km. en moto de allá para acá, nada destacable. Eso sí, hoy he cumplido como un señor con un par de paletadas de órdago. En cuanto a Tailandia, ya me ha mostrado una de sus caras amables: calidad primer mundo, precio tercer mundo. A disfrutarlo y descansar.
Trekkings en la meca del ecoturismo
Wednesday, December 2nd, 2009No he hecho ningún trekking en Luang Nam Tha, pero hablar es gratis. Conste, no obstante, que me quedaba con ganas, de ahí que haya tratado de enterarme acerca de las posibilidades. Escuché a un británico mostrar su pesar por la experiencia; parece ser que el montaje en las aldeas que atraviesas durante la caminata es un tanto artificial; tipo Sapa (Vietnam), pensé. Por otra parte, esperar lo contrario es de ilusos (no aprendo). En los trekkings (de uno a cuatro días) se visitan poblachos y se explican usos tradicionales. A mí, que me interesa ver cómo pulen y ensamblan, con precisión nanométrica, las piezas de un telescopio gigante o cómo enclaustran más de dos mil millones de transistores en un microchip, un indígena doblando bambú me la trae al pairo; digamos que hay cosas que entiendo superadas. En todo caso, en un trekking quiero patear, hacer ejercicio, no hablar con jenízaros carnisecos de los que no he tenido noticias nunca y a los que olvidaré antes de perder de vista. Por lo que a mí respecta, las tradiciones están para erradicarlas, lo malo es que son innúmeras y lo peor es que las creamos sin parar, de manera que es tarea imposible su exterminio. Dicho de otro modo, si al indígena le van a dar un portátil y enseñar inglés, quizá colaboré un mínimo; si le van a tener cual mono de feria trenzando cañas, me abstengo. En fin, aparte del británico, leí folletos. En el trekking de un día (el único que podía plantearme si apuraba presupuesto y tiempo), el plan era caminar 8 kilómetros, con tres paradas para comer (tras haber desayunado antes de empezar). Estoy seguro de que en una boda se zampa menos y se hace más ejercicio. Y al igual que en las bodas, para el trekking, es de recibo soltar tanto capital que por vergüenza te han de alimentar como a un Dios con filoxera. Mas no sólo de británicos y folletos vive el hombre, sino que, de casualidad, compartí mesa con un guía que atiborraba su buche y aplacaba la resaca antes de emprender un trekking de dos días. Primer día, 6 kilómetros (la mayor parte de los niños de planeta han de caminar más para ir a la escuela); segundo día, 8 kilómetros (este debe ser equivalente al trekking-boda descrito antes). Lo más gracioso fue cuando le pregunté, debido a la fama que arrastra el Parque Nacional Nam Ha, si era posible dar con algún bicharraco en estado salvaje (tigre, oso…). Masticando mientras hablaba, como es costumbre en parte de Asia, y con la cara semioculta tras dos palillos y una bola de espaguetis, me miro como diciendo “¡pero qué dices, chaval!” y contestó “¡pero qué dices, chaval!”
Luang Nam Tha
Tuesday, December 1st, 2009Meca del “ecoturismo”, ese término chirriante. No conozco mejor ecoturismo que Las Vegas y Benidorm. Puestos a destrozar, concentremos los males, y no diseminemos la mierda a lo largo y ancho de un país. Así tenemos la costa. Ya veremos cómo terminan en Laos. Confío en que alguna ventaja aporte al local con respecto al turismo no-ecológico; a efectos prácticos, para mí, ecoturismo significa pagar 50 USD por día de excursión, en un país donde dudo que el salario mensual medio llegue a los 25 USD. Mi vecino tiene un huerto, y nos regala parte de lo que recoge. Se nota su buena voluntad porque lejos de cobrarnos, suele decir “aquí tenéis tomates”, en lugar de “aquí tenéis tomates ecológicos”. Los tomates ecológicos provienen de San Javier, Murcia, por donde anda la tal vez mayor plantación de invernaderos del planeta. Cada vez que escucho palabrotas como ecológico o sostenible, tiemblo, transforman nuestro amor geórgico y nuestro miedo en monedillas. Mientras consigo información, un mapa, dos ruedas, y trato de ver, de pasada, no hay tiempo para más, el famoso valle que atrae miles de cabezudos extranjeros, os dejo con el tostón del curandero de Nong Khiaw.
“Alaska, Canadá”, fue la respuesta de un lozano retirado de ojos azules a la pregunta de un tendero. En un aparte, le mostré mi sorpresa. Junto con el olor de su puro me llegó una lección de geografía-política “no les gustan los americanos, tiramos demasiadas bombas por aquí”. Doy fe de ello, no les gustan los yanquis, o al menos eso me dijeron un par de residentes locales con posterioridad. Michael iba con su pareja, y fueron muy agradables, soportaron mi cada día más infame inglés por un buen rato. Que fuesen residentes en un pueblo llamado Homer, llegó a mi alma. Que el tipo se gane la vida con soltura como curandero, me dejó atónito. Que hiciese por reponer mi rodilla, capturó mi atención escéptica. Según él, tras el “tratamiento” de dos minutos (extraños resoplidos mientras colocaba en diferentes posturas mi pierna), tengo la rodilla un 40% más fuerte. Debe ser el primer curandero que cuantifica sus resultados en porcentajes. Americano tenía que ser.
Camino de…
Monday, November 30th, 2009Todavía no sé cómo se escribe el nombre de la ciudad a dónde voy. Cae lejos. Anticipo un largo y día duro. Es la última parada antes de cruzar a Tailandia. En breve estaré la zona conocida como el Triángulo de Oro, aunque será un paso fugaz, después de todo, no es más que otra etiqueta, para referirse a una zona fronteriza entre Myanmar, Laos y Tailandia, en la que tiempo ha se cocían no sólo habas.
Nong Khiaw
Sunday, November 29th, 2009El buen cazador sabe leer las señales. Y el buen viajero… el buen viajero debería preparar la billetera y dejarse de señales y gaitas porque no las hay universales, cada cual interpreta según su gusto. Hay quien lee mierda y sobreentiende miel. El mío dicta que si me topo con una referencia, sea de persona o libro, del estilo “…tarda en hacerlo, pero termina capturando al viajero” debo preparar la huida.
Venía de camino en el bote, siete horas en una silla sufrida, pero con tal deleite que pensaba perdonar al pueblo hasta ser un caserío abandonado. Sin terminar de desembarcar ya estaba subyugado. Antes de ubicar mis pertenencias en algún cuartucho tenía la boca abierta. Pueblo de ribera, rodeado de altas montañas y vegetación exuberante, con árboles centenarios que descollan entre la masa verde. Me huelo, además, que Nong Khiaw no es más que una entrada a paisajes más espectaculares, pero sólo tengo tiempo para dedicarle un día de bici.
Para bien de publicistas, el encanto no se puede pesar, e incluso es manipulable, de todas formas, ahí voy con mi vara de medir: con respecto a Nong Khiaw, Luang Prabang (y vaya si me gustó) es al encanto lo que una caricatura al modelo original. Dicha la exageración, finalizamos: Nong Khiaw, o la prueba de que si necesitas dos días para apreciar una ciudad, te has equivocado de sitio.
El principio del fin
Sunday, November 29th, 2009Ya he ciber-comprado los billetes, esto se acaba compañeros del metal. Entre la agonía de la búsqueda y el frescor de la noche casi me da un ataque de escrófula. Conforme, aún quedan días, he querido anticipar la adquisición para no arruinarme más aún, pero ¿qué son veinte días frente una vuelta sin cerrar? La diferencia es infinito, comprar afirma que hay otra realidad menos agradable que espera para sangrarnos, el fin de la vida como mandria. Aún así, no nos lamentaremos demasiado, sabíamos que habría tocar retreta; pensaremos en la ingente pila de bendiciones que también esperan en casa. Aflojar la tela me ha traído a mientes que hay un antes y un después: veinte días me parecen una minucia, escapada de finde, nadería por la que mejor ni salir de casa si el destino está más allá de Tarancón. Me veo enclaustrado como cartujo y laborando como minero hasta que pueda permitirme otra de estas, sálvese la excepción de un recorrido Sur-Norte, a pie, por el terruño hispánico, a imitación de esos giróvagos que mendigaban berzas en los caminos hacia Santiago.
Luang Prabang
Friday, November 27th, 2009Al estilo de Hoi An en Vietnam, Siem Reap en Camboya o Teruel en España, Luang Prabang es una ciudad segundona en el ámbito político que hace las veces de capital del país en el turístico, lo que endosa al visitante ventajas (amplia oferta y variedad de alojamientos, restaurantes, bares y colmados), guarradas gordas (que te clavan, como a un Cristo a la pared) e incluso gordas guarras (sin llegar al elitismo que la selección natural ha creado en las fiestas de despedida más locas de Benidorm). Hecha la pésima descripción que no debe faltar en todo blog que se precie de ser despreciable, podemos darle cera a la aldehuela o mimarla con dulces palabras. Corresponderé a su trato conmigo. Luang gusta porque es bonita, porque tiene nombre de china guapa, porque el río se lleva su mugre y sus miserias, porque cerca pacen montañas y bosques que orean sus calles, porque en sus cuevas y cascadas apetece ahogarse y perderse, porque hay deliciosos puestos que venden comida no tan deliciosa, y gusta, además, por sus pastelerías francesas con precios franceses, por sus edificios renovados y templos de madera lacada, por su mercado nocturno de baratijas y caratijas en el que dar vueltas desesperanzando con kilos de indiferencia a las tenderas, mientras da llega la hora de acudir al otro mercado nocturno (de comistrajes a la parrilla) en el que fundir caldereta sin parar en cuentas, y porque, no podía faltar, permite vivir unos días como quisieras vivir el resto del año. A Luang, como a Hoi An, Siem Reap y Sanchidrián, la ONU, la UNESCO, la OPEP y la Fundación Caja Zamora le han dado un titulamen que blandir ante urbes con más renombre por haber acogido corruptelas faraónicas tipo Olimpiadas o Foros Internacionales de vete a saber qué. A nadie le amarga un dulce, pero Luang no necesita engordar currículum con certificados, ni crear Ciudades de las Artes Marciales y las Ciencias Infusas. Hay ciudades que, como ciertas personas, atraen, sin más. Química, física, o magia simpática, no hay que darle vueltas. Normal que Roldan rondase estas verandas.
Laos
Friday, November 27th, 2009Todavía no me he ido y ya quiero volver.