Stung Treng

November 17th, 2009

La técnica narrativa del flashback no se lleva en los blogs, pero vamos a darle uso. Estábamos entrando en Laos, dejemos ahí la acción, en esa tierra de nadie que separa la entrada de un país de la salida del otro, y rebobinemos hasta Ban Lung (recordad, hay un Mapa). Sucede que uno hace sus cálculos y luego se van al garete. Sucede que medir la distancia en kilómetros es de ricos y medir la distancia en horas, también. Sucede que los pobres ni mensuran ni planifican, sobreviven, y quien se arrejunta con malasombra ya sabemos como termina. Sucede que el destino, fumista y despistado, a poco que le das pie, equivoca su camino, y te retiene en una ciudad en la que no debiste figurar más de media hora, es decir, en Stung Treng; nombre ríspido que suena a desgracia, atasco, insulto, agresividad contenida. Sucede, además, que se te alegra el día y te das cuenta de cuánto se equivoca la fonética.

La habitación es sórdida, con aspecto de celda y zahúrda, creo que por seguir la moda de los “hoteles del terror”. Fauna local, telarañas, grifos rotos, ausencia de cisterna y lavabo, ventana que no encaja, mosquitera que da fe de haber cumplido con garantías, chirridos, puerta metálica con enrejado, doble techo con agujeros de broca, pintura deslucida, descascarillada, con manchurrones, espejo resquebrajado y con marcas de manos, baño con rastros de todo tipo de supuestos anteriores clientes, sombra de estanterías que fueron, cortinas deshilachadas, apenas sujetas al riel por cordones, pasillo de presidio sin luz. Esto es más conocido que la ruda, no me impresiona, tramoya elaborada al detalle para solaz del cliente. Y a mí, me ha salido g r a t i s, qué bella palabra, da gusto pronunciarla, despacio. Ah, la fortuna, cómo me cuida a veces. No obstante, recuerda, si vienes a Camboya, no quieras detenerte en Stung Treng, que te lo imponga guión ajeno, sale a cuenta. Mañana volveremos al Sur de Laos y sus cuatro mil islas en las aguas del Mekong, que tal vez sean menos, pero es lo más parecido al paraíso bíblico que he  visto en cuarenta y pico días.

Fotos Stung Treng.

Laos, otra frontera

November 16th, 2009

Un tipo currutaco tal que yo no debería dejar pasar la oportunidad de visitar un país tan famoso como Laos, ínclito desde que Roldán, no el de El Cantar sino el que cantó ante el Juez, vino a fungir en tan olvidado lugar. No sé lo que debe el susodicho del tricornio al Estado, pero tal vez menos de lo que le debe Laos a él; aquello fue publicidad y no la de El Corte Inglés en Navidad. Por mi parte, dejo atrás Camboya con el regusto amargo del dulce de leche, la acrimonia del algodón de azúcar y algún esquinazo por visitar; entro en Laos esperando la ambrosía que de seguro me hubiera llegado a los oídos, de no tenerlos llenos de cerumen, o al caletre, si prestase atención a lo que me dicen. Sé que las comparaciones son odiosas, por eso se hacen: si he de escoger entre Vietnam y Camboya, opto por la nación de rima salerosa. No sabría decir bien (ni mal) por qué, ocurre como con el ejercicio de la matemática, es algo emocional más allá de la lógica y la razón que no hay forma de esclarecer, te subyuga y te dejas llevar. Ya lo dijo Valdano, el sabio de Parla: Camboya es un estado de ánimo.

El cráter de marras

November 15th, 2009

Es conocido como Boeng Yeak Lamon, lo que viene a significar “agujero petado de agua”. Ya dijimos que un nombre desconocido siempre será más exótico: tu vecina, mejor Chasey Lain que Dolores Ibárruri, y donde esté Ratanakiri olvídate de Ciudad Real. Aunque en esto último hay un punto de verdad, con independencia del nombre, debido a que Las Tablas se van a renombrar como El Serrín y el único pájaro que se ve es al escombrerus jetae, que llega con una Vito y la vacía de cascotes. Saltándome un par de normas básicas de estructura textual y haciendo uso de léxico ilustrado, aprovecho para decir que Ban Lung está hasta las trancas de farmacias, y no sé porqué. Hay más cruces helvéticas que infectados. Entras a un dispensario y ni electuarios ni opiatas ni triacas; si buscas alumbre o fomento, hemostáticos o culantrillos, emolientes o la poción de la bruja local para recuperar tu reciedumbre, olvídate, el botamen se compone de Juanolas con sabor a fruta del dragón. En definitiva, si aparece algún dolor, acude raudo a la ferretería, algún mucílago, disolvente o veladura tendrán. Y como dice Hulk Hogan en Celébrities, no tomes (léase inhales) este producto sin consultar antes a tu monitor de gimnasio. Siento terminar la entrada sin ahondar en el lago, pero a fin de cuentas, cráter o no, una poza es una poza.

Fotos alrededores Ban Lung (Ratanakiri).

Ban Lung, provincia de Ratanakiri

November 14th, 2009

He dudado si venir, pues lo más interesante de la provincia, el Parque Nacional de Virachey, lo descarto por: rodilla, talón y piedra. No menos de cuatro días de trekking por una zona amplia, virgen y montañosa entre Laos, Vietnam y Camboya, con sus tigres, leopardos y elefantes como antaño, sueltos, a su albedrío, y a disposición de componendas, contubernios y escopetas generosas. Al final, he optado por desviarme de la ruta directa a Laos, con la intención de retozar en un cráter inundado, ver polvorientos caminos de tierra roja, y chapotear bajo un par de cascadas. Mitad de cuarto de lacha, cuarto y mitad de ludibrio y una porción de consuelo de tontos nos queda a los lábiles, entecos y cojitrancos.

Fotos camino a Ban Lung (Ratanakiri).

Kratie

November 13th, 2009

En Kratie se abren opciones, pero las carreteras desaparecen del mapa, y no es defecto de la cartografía. En Kratie, notas un cosquilleo por la espalda, pero no te asustas pensando en algún horrendo insecto afianzándose en tu carne; sabes que es el destilado de tu cuerpo, inodoro de tan rápido como se ha formado. Ya no eres persona, sino un alambique en permanente funcionamiento. En Kratie, pagas por una habitación pero te dan una sauna con ventilador. En Kratie el sentido del humor se mide por el grosor de la manta que encuentras en tu cama. En Kratie, la diferencia entre la vida y la muerte es marcada por la transpiración: los muertos sudan algo menos. Con todo y con ello, es un sitio tranquilo donde pasar un par de días.

Fotos Kratie.

Desidia

November 12th, 2009

Desopilante vuelta a Phom Penh, sufrido karaoke ambulante y gracias dadas por el cambio de billete acelerado: aquí no conocen la palabra burocracia, o al menos ignoran al significado si de vender se trata, y dejan el significante para los crucigramas. A las seis de la mañana, media hora antes de ser encapsulado en la peculiar máquina de teletransporte local (en seis horas apenas te desplaza en el mapa), me he dado cuenta de que la había cagado, ya que en Kratie, zona Noreste de Camboya, enfilando hacia Laos, no iba a poder conseguir visado, y en la frontera, sentido Sur-Norte, no lo gestionan, según la epístola del Lonely a los Mochulueros 3,8. Desvío de fondos y tiempo, pero no hay giro malo cuando tampoco hay senda que seguir. Estas cosas pasan por Desidia, palabra que da título a una canción cuya letra me han recordado, vía email, oportunamente, aunque no me aplique del todo. “Quiero comer donde me entre hambre, quiero dormir donde me entre sueño…” Hoy ha tocado comer y dormir donde apañaban visados, gustase más o disgustase menos. A estas horas, el visado reposa en mi bolsillo, pero lo he conseguido demasiado tarde para volar de la capital. La noche les paraliza en carretera como los faros a las liebres. Enseñanzas de Epifanio y Blasco: no salir de viaje sin ir pertrechado con la discografía de Extremoduro. Tiritiritititri-tiritiritititá.

Banteay Srei

November 11th, 2009

Al Norte de la zona más transitada de Angkor hay más templos, y vida rural entre arrozales, palmeras y selva. Es una pena que las fotos no reproduzcan el olor con el que las marmitas al fuego inundaban la carretera a primera hora del día o las trovas con las que bichos encelados amartelan a sus respectivas. Al regreso, camiones cargados de soldaditos, tal vez conscriptos, prestos a morir por la patria zumbaban hacia la cercana frontera con Tailandia, a quien acusan de cometer razias y allanamientos. De nuevo a la gresca por un quítame allá esas pajas.

Fotos Angkor Norte.

Siem Reap y Angkor

November 10th, 2009

La ciudad debe gustar: variada oferta de alojamiento, ribera de río, restaurantes de teleserie americana en pugna por el título de más cool, más trendy, más fashion y más kitsch, mercadillo para el que prefiera ver la pelea sin mojarse y bares de noche relucientes, en los que 1. dilapidar esos dólares que, jeje, sabiamente hemos ahorrado en el regateo ante niños con muñones o ancianas corcovadas que, de conseguir nuestra atención lo suficiente para pensar que podrían ser nuestra madre o abuela, nos partirían el alma y 2. juntarnos con nuestro rebaño, porque mola el multiculturalismo, pero un rato, luego cansa comer, escuchar, ver y oler, alimentos, músicas, caras y aromas extraños.

Siem Reap, a todo esto, da acceso a los templos de Angkor. Lo más reseñable de ellos es su uso como plató para una de las películas de la saga Tomb Raider, aunque los libros, tendenciosos, apenas lo comentan. Ellos hablan de movidas raras, que si hinduistas, que si civilización jemer, que si de repente aparecen budaninjas a cascoporro, en fin, mejor no hacer ni caso, éso no sale en la película y a saber cuánto hay de verdad. Como no tenía claro en cuál de los piedrolares se rodó la cinta de la diosa Angie, he visitado varios. Ahora es cuando debería 1. hacer un comentario inteligente o 2. buscar en Internet o guía de turno información para copiar unos gramos de cultura enlatada; por limitaciones y falta de interés, me abstengo.

Nos sucede a ciertos individuos que a la hora de valorar piedras, como no tenemos ni idea de arquitectura, técnicas de construcción antiguas, características de materiales, historia, o de la mitología y teogonía que originó la acumulación de granito, basalto, laterita o pedrusco empleado, nos acogemos a la venia de su señoría el sacro gusto o al argumento de autoridad que ofrece el tamaño, que sí importa. De pequeño, siempre escogía el bollo de chocolate más grande, y ahora, más de lo mismo, me quedo con el templo más grande (Angkor Wat) y el que tiene aspecto más chocolateado (Bayon). Parafraseando a un experto en arqueología del imperio Khmer y catedrático de estética de La Escuela Francesa de Extremo Oriente, “son los que más me gustan”.

Lo malo de haber visto Angkor es el reforzamiento de una tendencia en particular: a falta de un criterio de valoración óptimo y decente, es decir, a falta de conocimientos necesarios para apreciar algo en función de su mérito intrínseco y con respecto a sus circunstancias y pares, sopesamos a la luz de lo que conocemos, a veces comparando napolitanas en su versión bollo con tirolesas en su versión traje regional. Iré a ver piedras incas, mayas, griegas o persas y diré, “pues Angkor era más grande”, o “Bayon tenía aspecto de stracciatella y estas rocas no”, como si fueran comparables. En definitiva, el paseo por Angkor merece la pena, y aviso para navegantes, se le saca más jugo si previamente absorbes los filmes de Lara Croft.

Fotos (montón) Angkor.

De Battanbang a Siem Reap en bote por el Tonlé Sap y afluentes

November 9th, 2009

El título es, al modo de los nombres de plato de comida que aparecen en menús cosmopolitinos horteras, autoexplicativo, vamos, que podría poner ya el punto y final, pero sufro de verborrea. El día amaneció desabrido y emaciado como un trabajador en lunes, aunque terminó en sol chicharrero que me ofreció la oportunidad, no desperdiciada, de acabar con moreno de obra. El trayecto entregó paisajes inesperados y fue agradable; también menos impresionante de lo anunciado. A bordo del bote, muchos extranjeros y algún local. El imperio blanco se volvía loco cada vez que veía un negrito; apunto bien, porque aquí los camboyanos son de color antracita metalizado, que diría un vendedor de coches, o cual tizones, que digo yo. Si además el negrito era menor de 10, las cámaras movían sus mecanismos igual que un pastillero de farra, pim, pam, pim pam, un no parar; paroxismo, epilepsia, locura. Consulté la Biblia, por si Mr. Lonely comentaba algo acerca de un concurso, a saber, ganador quién capte al rapaz más sonriente, accésit para la imagen del negro más cetrino, premio de consolación para la fotografía con más cabecitas por pulgada y marco de Ikea para el mejor encuadre de una chabola sobre palos. El barco escoraba cada vez que se vislumbraba piel azabache en la orilla, hasta que un grumete puso orden estibándonos según las indicaciones del piloto. Estaba un poco perdido, después de todo lo habitual es que el blanco pase de largo junto al negro sin prestar atención, o le mire con cara de pocos amigos. Lonely no decía nada, tampoco el manual de instrucciones de la cámara, al estilo de “para mantener un funcionamiento correcto obtenga veinte fotos de carboneros por minuto”, pero yo soy blanco, y puse a cantar un ritornelo a mi réflex. Tanta caballerosidad y salutación gratuita supongo que viene de la seguridad que da saber que estos chavalotes no van a venir con su barca a vender CDs, ni a cantarnos en el metro cuando deseamos silencio o “quitarnos” “nuestros” puestos de trabajo; y a lo bien que se siente uno cuando da algo, sobre todo si no le supone coste alguno, claro. Al final, pensé que había ganado la Eurocopa, iba en el techo de un vehículo, exultante, saludando a ambos lados y sacando fotos a una afición que me debía su alegría. Gloria por un día.

Fotos en bote a Siem Reap.

Tuy Chenda, Battanbang

November 8th, 2009

He quedado encantado con el guía que me ha dado unas vueltas por los alrededores de Battanbang, sin duda el más educado, culto, amable y predispuesto a explicar y acompañar sin importar el tiempo que lleve con el que me he cruzado; vaya esta entrada por él, quién sabe si algún lector algún día podrá disfrutar de sus servicios. Tuy Chenda, Battanbang, 092 92 45 34. Inglés perfecto, de hecho, trabaja además de intérprete.

Fotos alrededores Battanbang.